Cuánto cobrar la hora de cancha sintética en Colombia
La pregunta llega en cuanto la cancha está lista: ¿a cuánto la hora? Y casi siempre se responde mirando a la cancha de al lado y poniendo $5.000 menos. Eso funciona para abrir, pero es la forma más segura de dejar plata sobre la mesa durante años.
Los rangos que se ven en Colombia
En Bogotá, una hora de cancha sintética de fútbol 5 se mueve entre $40.000 y $140.000. El extremo bajo es una cancha de barrio entre semana en la tarde; el alto, una cancha techada en zona de oficinas un viernes a las 8 de la noche. Las canchas de los parques del Distrito, administradas por el IDRD, están por debajo de eso, pero no compiten por el mismo cliente: no se reservan por WhatsApp ni tienen luz garantizada.
En ciudades intermedias —Ibagué, Neiva, Villavicencio, Pereira— el rango baja: $50.000 a $90.000 para fútbol 5, y $90.000 a $150.000 para una cancha de 7 u 11. En Medellín y Cali se parece a Bogotá, con la diferencia de que allá el clima permite jugar de día casi todo el año, y eso reparte mejor la demanda.
Estos números no son una tabla oficial: son lo que se ve publicado y lo que los dueños cuentan. Sirven para saber en qué cancha estás, no para copiar.
El error: un solo precio
Una cancha con precio único —digamos $80.000 la hora, siempre— tiene dos problemas a la vez:
- El viernes a las 8 está regalada. Esa hora se vende sola a $100.000 o más. Cobrarla a $80.000 es perder $20.000 cada viernes del año: más de un millón de pesos.
- El martes a las 3 está cara. A $80.000 nadie la toma; a $45.000 la toma un grupo de estudiantes o un equipo de empresa que sale temprano. Vacía no vale nada.
El precio no es una propiedad de la cancha. Es una propiedad de la hora.
Cómo armar la tabla
Tres franjas alcanzan para la mayoría de canchas. Más de cinco confunden al cliente y al encargado.
- Hora alta: viernes desde las 6 de la tarde, sábado todo el día, domingo hasta las 6. Aquí va el precio más alto que el mercado de tu zona aguanta. Si esas horas se llenan con dos semanas de anticipación, estás cobrando poco.
- Hora normal: entre semana de 6 a 10 de la noche. Es donde juegan los equipos de siempre. Precio medio.
- Hora floja: entre semana antes de las 6 de la tarde, y domingo en la noche. Aquí el precio baja hasta donde haga que valga la pena prender la luz. Una hora a $40.000 es mejor que una hora vacía, siempre que no sea la misma hora que un cliente pagaría a $80.000.
Una regla para no equivocarse: la hora floja se rebaja, la hora alta no se toca. El descuento sirve para llenar lo vacío, no para premiar a quien iba a pagar de todas formas.
Lo que no se debe hacer
- Bajar el precio a todo cuando las horas flojas no se llenan. Eso no llena el martes: hace que los del viernes empiecen a pedir el precio del martes.
- Cobrar distinto según quién pregunte. Si el cliente descubre que a otro equipo le cobraron menos por la misma hora, no vuelve. La tabla debe ser una, publicada, y la misma por WhatsApp que en la puerta.
- Subir el precio sin avisar a los fijos. Al equipo que juega todos los martes hace un año se le avisa con un mes, y se le sostiene el precio viejo un tiempo. Un fijo vale más que diez reservas sueltas.
Cómo saber si el precio está bien
Mira dos números al final de cada mes:
- Ocupación de la hora alta. Si el viernes y el sábado están al 100 % con anticipación, sube $5.000 y vuelve a mirar. Si bajan de 80 %, te pasaste.
- Ocupación de la hora floja. Si el martes de 2 a 5 sigue vacío con el precio bajo, el problema no es el precio: es que nadie sabe que existe esa franja. Ahí lo que sirve es una lista de clientes a los que avisarles, no otra rebaja.
Sin registro de reservas por hora esto no se puede saber: se supone. Y casi todos los dueños suponen que sus horas malas son unas y, cuando ven los números, resultan ser otras.
Lo que cambia con una tabla por franja
La misma cancha, con las mismas horas, factura entre un 15 % y un 25 % más al mes. No porque cobre más caro —el promedio a veces baja— sino porque deja de regalar el viernes y empieza a vender el martes.
El precio de la hora no se decide una vez. Se decide cada mes, mirando qué se llenó y qué no.