Mantenimiento de una cancha sintética: qué hacer y cada cuánto
Una cancha sintética nueva cuesta entre 150 y 400 millones de pesos según el tamaño. Los fabricantes hablan de una vida útil de 8 a 10 años, pero eso es con mantenimiento. Sin él, la fibra se tumba, el caucho se apelmaza en las áreas y el balón deja de correr parejo a los cuatro años. Y una cancha en la que el balón no corre parejo se nota: los equipos se van a la de al lado.
La buena noticia es que casi todo el mantenimiento lo hace el negocio, con un cepillo y una rutina. Lo que hay que contratar es poco y espaciado. La guía de The FA lo resume así: alrededor de una hora de mantenimiento por cada diez horas de juego. Una cancha que se usa 40 horas a la semana necesita unas 4 horas de trabajo a la semana. No es poco, pero es mucho menos que cambiar la grama a los cinco años.
Cada día (el negocio)
- Revisar arcos y superficie antes del primer partido. Que los arcos estén anclados, que no haya un borde de costura levantado, que no haya vidrios ni piedras. Toma cinco minutos y evita un accidente. Es la única tarea que no se puede saltar ni un día.
- Retirar basura, hojas y objetos. No es estética: la materia orgánica que se queda se mezcla con el caucho y termina obstruyendo el drenaje. Un charco que antes no se formaba casi siempre empieza con hojas que nadie recogió.
Cada semana (el negocio)
- Cepillar y levantar la fibra. Con un cepillo de arrastre, en direcciones alternas: una semana a lo largo, la siguiente a lo ancho. El pelo tumbado es la primera señal de una cancha descuidada, y la que más afecta el juego. Con 40 horas de uso semanales, cepillar una vez por semana; con más, dos.
- Redistribuir el caucho. El relleno se acumula donde más se corre: frente a los arcos, en el punto penal y en los accesos. Se devuelve con el mismo cepillo o un rastrillo. Si hay montículos junto a los bordes o zonas donde se ve la base, esta tarea va atrasada.
- Revisar mallas y cerramiento. Un hueco en la malla es un balón perdido por partido y una discusión con el vecino.
Cada mes (el negocio)
- Medir el relleno en puntos fijos. Con una regla, siempre en los mismos cinco o seis puntos, y anotarlo. Es la única forma de saber si se está perdiendo caucho o solo se está moviendo. Reponer sin medir es una de las formas más comunes de dañar una cancha: demasiado caucho la vuelve lenta y dura.
- Revisar iluminación desde un lugar seguro: reflectores que parpadean, zonas oscuras, cables sueltos. La limpieza de los reflectores depende del polvo de la zona; en ciudad, cada dos o tres meses.
- Revisar costuras y líneas. Una costura abierta se repara con el instalador cuando mide centímetros; cuando mide metros ya no es reparación.
Cada seis meses o cada 500 horas (el proveedor)
- Descompactación. El caucho se apelmaza con el uso y la lluvia, y la cancha se vuelve dura: se sienten las rodillas y el balón bota más de lo normal. La descompactación es con máquina, a la profundidad que indique el fabricante, y la hace un proveedor. Con más de 40 horas semanales de uso, cada tres meses.
- Limpieza profunda. Separar la suciedad del relleno y devolver el material aprovechable. No es barrer ni echar químicos: es maquinaria que saca el polvo incrustado.
- Reposición de caucho y arena solo si las mediciones mensuales muestran déficit. Por capas, con material compatible con el que ya está.
Las señales que adelantan una tarea
Las frecuencias son una guía; lo que manda es lo que se ve:
- Pelo tumbado, huellas que no se levantan → cepillar ya, no esperar a la semana.
- Zonas peladas frente al arco → redistribuir.
- Superficie dura, rodillas adoloridas → descompactar.
- Charcos donde antes no había → drenaje: primero las rejillas, después el proveedor.
- Balón que bota irregular → medir el relleno.
Lo que se gana llevando el registro
Una cancha que anota sus horas de uso sabe cuándo le toca cada cosa sin adivinar. Y cuando llega el momento de decidir si se cambia la grama —a los 8 años, a los 10—, tiene con qué negociar con el proveedor: cuántas horas se jugaron, qué mantenimiento se hizo, qué mediciones se tomaron. Sin ese registro, la decisión la toma el proveedor.
El mantenimiento no es un gasto que se le hace a la cancha. Es la diferencia entre cambiarla en el año cinco o en el año diez.